Por Rafael Aviña
Fotos: IMDB
Mientras llega el estreno de la nueva entrega: Sin Tiempo para Morir, hagamos un recorrido por la historia de un agente que ya es parte del ADN del cine de acción.
La aventura “oficial” número 25 del mítico agente secreto James Bond: Sin Tiempo para Morir (No Time to Die, Gran Bretaña-EU, 2020), dirigida por Cary Joji Fukunaga (el eficaz realizador de la serie True Detective), en sustitución del cineasta Danny Boyle “por diferencias creativas”, no sólo es una de las cintas de la saga con mayor metraje: 163 minutos, sino una de las más importantes debido a la transición que representa.
Por una parte, se trata de la última aparición de Daniel Craig como el agente 007 luego de cinco películas y, por otra, se rumora que podría ser sustituido por una mujer en estos tiempos de feminismo a ultranza.
De hecho, aquí, la agente Nomi (Lashana Lynch) es puesta en servicio activo como 007, al jubilarse Bond y retirarse a Jamaica, lugar al que llega su amigo de la CIA Felix Leiter (Jeffrey Wright), pidiendo ayuda para rescatar a un científico secuestrado sólo para tropezar con un malévolo personaje armado de una tecnología superior (Rami Malek) y reencontrarse con nuevos y viejos conocidos: la siquiatra Madeleine Swann (Lea Seydoux) y Ernst Stavro Blofeld (Christopher Waltz), el ex líder de la organización criminal Spectre.
Es un hombre de acción y una máquina de matar que, en esta entrega, se muestra más vulnerable que nunca y que encuentra en la áspera presencia de Daniel Craig a uno de los más fieles intérpretes del personaje creado por el británico Ian Lancaster Fleming en 1952 en la novela “Casino Royale” (la primera protagonizada por Craig).
007 fue concebido originalmente en 12 volúmenes, más dos colecciones de cuentos que dieron la vuelta al mundo y el James Bond fílmico se trastocó en un atípico héroe capaz de entablar enfebrecidas batallas en cielo, mar, tierra y cama en nombre de su majestad británica.
Al cine
Cínico, mujeriego, atleta consumado, experto en cualquier disciplina de lucha y gran catador de vinos, 007 se convertiría en uno de los grandes mitos del cine contemporáneo de la mano de los productores Albert R. Broccoli y en menor medida de Harry Saltzman, quien disolvió la unión en 1976 para dejar el camino libre al primero.
De hecho, a partir de Dr. No, primera cinta oficial filmada en 1962, Broccoli se abocaría a 007 hasta su muerte en 1996 cuando su hija Bárbara tomaría su lugar.
A la frase: “Mi nombre es Bond… James Bond”, sigue un universo ficticio, exótico y peligroso:
las películas del 007 impusieron a partir de entonces una mezcla de acción, suspenso, humor, sadismo y sexo. A su vez, escenarios inquietantes, sofisticados equipos de espionaje, bellísimas y sensuales mujeres,
y una gama de villanos sicópatas y repulsivos como: Blofeld, Goldfinger, Scaramanga, Oddjob, Kananga, Jaws, Emilio Largo y más.
Bond se convertiría en un personaje capaz de hacer realidad los deseos más íntimos: destreza en el manejo de armas -desde una Walter PPK hasta armamento nuclear-, y un poder de seducción e improvisación que hacen de su vida una violenta aventura que conduce siempre a una fuerte descarga de adrenalina y otras secreciones.
Junto a Broccoli crecieron eficaces artesanos como Terence Young, Guy Hamilton, Lewis Gilbert, Peter Hunt y John Glenn, varios de ellos pasaron de la edición a la dirección de segunda unidad y de ahí, a directores titulares. Seguidos de hábiles realizadores como: Martin Campbell, Roger Spottiswoode, Michael Apted Lee Tamahori, Marc Forster y el laureado Sam Mendes.
Al lado de éstos, Monty Norman creador del célebre tema musical, el compositor de cabecera John Barry, y otros como George Martin, Bill Conti, Michael Kamen, Marvin Hamlisch, Eric Serra, David Arnold y Thomas Newman.
Asimismo, el director de arte Ken Adam y Maurice Binder, diseñador de la gran mayoría de las célebres secuencias de títulos. Y, por supuesto, personajes indispensables
de la saga como: el Jefe M, su secretaria Moneypenny y Q, responsable de los mortíferos juguetes creados para los doble cero, incluyendo su automóvil Aston Martin.
En el traje del 007
El actor escocés Sean Connery dio vida a las fantasías escapistas de adolescentes y adultos, en medio de mujeres espectaculares, autos lujosos, sofisticada tecnología armamentista y buenos vinos.
A George Lazenby le tocó uno de los mejores filmes que completó la traumática biografía “jamesbondiana” con la muerte de su mujer en Al Servicio Secreto de su Majestad. Roger Moore acentuó la ironía y el humor socarrón del personaje, mientras que Timothy Dalton aportó la parte sensitiva en los tiempos del sexo seguro, Pierce Brosnan encarnó al nuevo 007 en la era del Internet y la caída del bloque socialista, y Daniel Craig con su gélida actitud conectaba con el personaje original de las novelas de Fleming.
No es un adiós
“El servicio secreto concede licencia para matar a ciertos agentes especiales, otorgándoles como identificación el prefijo doble cero. Esta gran responsabilidad la había ganado arduamente James Bond, agente 007, llevando a cabo las misiones más peligrosas, que eran en realidad las únicas que le atraían”. El texto de presentación que solía acompañar las novelas de Ian Fleming en los años sesenta (Editorial Albón, Medellín, Colombia), representa la síntesis de este mito universal, tal vez, el mayor héroe de ficción que ha dado la literatura de la Guerra Fría.