Ahora que regreses a trabajar pasada la cuarentena, reflexiona si eres de las personas que siempre está de malas en el trabajo, pues la actitud en éste  es un elemento clave en cualquier ámbito profesional.

A pesar de la carga laboral, nada justifica que estés de malas todo el tiempo y menos que por ello perjudiques a tus compañeros; si tú eres el jefe tampoco es bueno que te permitas una actitud negativa que afecte a tus colaboradores.

Tener mala actitud, más allá de catalogarte como la persona amargada de la oficina, puede ser considerado como un obstáculo en la empresa pues afecta, sin duda, el desempeño y el trabajo en equipo.

Cuidar tu trabajo implica no sólo ser una persona responsable y hábil en lo que hace, sino también mantener relaciones interpersonales sanas con compañeros del equipo, clientes y colaboradores, las cuales se basan usualmente en un ambiente de cordialidad y respeto.

Nadie quiere trabajar con una persona negativa, es por ello que debes considerar que a pesar de tus talentos una mala actitud te puede costar la posición que has ganado en la compañía.

“Hay que tener en cuenta que la actitud negativa de un trabajador puede tener un impacto importante en la relación laboral que existe entre pares, subordinados y directivos, lo cual se reflejará en una afectación en el ambiente de trabajo. Y si se trata de una conducta que persista en el tiempo puede costarle el trabajo a cualquier funcionario”, mencionó Mauricio Montealegre, experto en Derecho Laboral de la firma Norton Rose Fulbright.

Este tipo de situaciones y conductas pueden evitarse, pero debes tomar en cuenta algunas señales que te ayudarán a identificar si tienes mala actitud laboral:

  • Estar siempre a la defensiva. Confrontarse ante cada comentario y orden de superiores y compañeros.
  • Ser siempre el negativo. Contestar de malas y tener cara larga.
  • No participar en eventos de la oficina. Evitar involucrarse con el equipo y mostrar indiferencia.
  • No prestar atención a las indicaciones o sugerencia de los demás.
  • Hacer el trabajo sin compromiso ni dedicación.
  • No pedir disculpas al equivocarse.
  • No saber reconocer los errores y, además, inventar pretextos y justificaciones.

Recuerda que vida sólo hay una, y si la vives de malas no es vida ni para ti ni para las personas que te rodean. Deja tus problemas personales y/o familiares fuera del ambiente laboral y ¡disfruta lo que haces!